RICARDO CORTÉS CAMARILLO
Si algo nos llena de rubor y causa pena propia a los mexicanos es que urbi et orbi nos etiqueten como flojos, tontos y sinvergüenzas, sobre todo los que por accidente o vocación dedican su vida al ejercicio del servicio público, a la política pues.
Cada que llegan tiempos de vacaciones de semana mayor o descansos invernales, nos estiran la cobija del desprestigio enseñando los calzones percudidos policías de los tres niveles, desde el más modesto “tecolote” municipal, el estatal de Guardia Civil, sin faltar los federales que se distinguen por sentirse bordados a mano con pendejuela y chingaquira, que por supuesto, sus exigencias en lo que se refiere a “disimulos” y mordidas, escalan a las cinco cifras.
Difícil encontrar la excepción, no hace mucho, desde que Mauricio Fernández alcalde de San Pedro tuvo la mala ocurrencia de morirse, sus policías dignos de ser ejemplos de referencia, enseñaron la oreja que son tan vulgares como los “matacuaces” de cualquier municipio desde Dr. Arroyo hasta Colombia N.L. que agazapados como saltadores de caminos “cazan” a los visitantes para despojarlos de sus bienes, destacando a los “paisanos” que vienen de Gringolandia a visitar a la tribu pueblerina, empezando por la camioneta americana por carecer de permisos, fianzas o toda la gama de obligaciones que suelen ser complejas o imposibles de entender o de cumplir.
El motivo de la infracción es lo de menos, la velocidad, legalidad, luz trasera o simple revisión de rutina por la duda de ser sospechosos, ya olviden ustedes si tuvieron la ocurrencia, tontería o fatalidad de traerle una pistola al familiar para matar un conejo, o un churrito de mota, sentencia a ser procesados por terrorismo, como nos tiene indiciados Mr. Trump
Hubo casos en que el poli-delincuente revisaba la billetera del viajero para ver con cuánto podía “cooperar” y en el último de los recursos, ahora tan común, llevarlo al cajero automático para saciar la voracidad del genízaro y sus patrones que son los que brindan la oportunidad, licencia y pistola para delinquir, teniendo que cumplir con la cuota; como ejemplos: el pillo José Luis David Kuri de San Pedro que sigue en el puesto o Guadalupe Saldaña Vargas que en el paroxismo de la sinvergüenzada el alcalde Manuel Guerra sale a defenderlo de la crítica por la golpiza a un chavo, culpable o no, le dieron fuerte y tupido cuando ya se encontraba en el suelo sometido y a merced de la “justicia”
El pan de cada día son las fuerzas policiales en Estados, municipios, carreteras, con testigos o en despoblado atracan sin temor ni rubor, repito, principalmente a los pasaporteados que intentan llegar a sus rancherías con el fruto de sus ahorros para pasar las fiestas decembrinas. Paradójico, vienen huyendo del congelante frío donde sudan la gota para ganarse unos centavos, de la “migra” que los persigue como perros bravos y caen en las garras de los policías de su pueblo, ante la permisividad y elogio de Claudia que todos los días presume las bajas en los índices delictivos.
Existe un letrero en la carretera nacional a la altura de Los Cristales que instalaron hace diez años que anuncia como multa al exceso de velocidad será de quince mil pesos, obvio preguntarse: ¿de cuánto deberá ser el ofrecimiento para no ser infraccionado? MENUDENCIAS: Habrá alguna persona sensata -no inteligente-que reglamente y multe a los salvajes conductores de las bicis, Scooter y patinetas que circulan por arriba de las banquetas, a velocidades inmoderadas importándoles madre los que sufren al estar cerca de ellos. Entiendo, como la prostitución, no se puede acabar con ella, pero al menos…reglaméntelos, ¿o que no? ricocama@yahoo.com.mx





